El mensaje en la botella (3)

-Escuché que anoche los llevaron a una estación en Villareal. Esperarían ahí a un inspector que vendría desde Madrid para llevárselos con él.

El gordo, como llamaban a David, había estado averiguando del paradero de sus colegas con un amigo suyo que trabajaba como consultor de la Guardia Civil, éste le informaba de los posibles movimientos y sospechas de comisaria. En más de una ocasión había tenido que hacer algún que otro trabajo para él, como elaborarle unos  informes de su trabajo. El grupo de escritores habían tenido que trasladarse para otro sitio, aunque sin salir de la provincia hasta saber qué hacer con el asunto de Ramírez y Rosario.

-Déjenme esto a mí, ustedes traten de concentrarse en la escritura, que ya informé a los de arriba y me dijeron que se harían cargo, de todas formas, yo iré con ellos, quizás podría servir de ayuda

-¿Cómo crees que podemos quedarnos aquí tranquilos David? ¿Acaso piensas que Rosy y el viejo no son importantes para nosotros?

-Yo no he dicho tal cosa Alina, pero sabes de nuestra misión y no podemos dejar de hacer nuestro trabajo, de remover este sistema ya hay quienes se están encargando. Por ahora nuestra tarea es seguir adelante, ya los apoyaremos de alguna otra manera si se nos informa. Por lo pronto quedas tu frente al grupo, eres la más responsable y además, estoy seguro que no harás ningún disparate, ¿verdad Alina?

Alina bajó la cabeza asintiendo con una mezcla entre tristeza e impotencia mientras apretaba fuertemente los puños.

-Pero no te creas que con ese nuevo carguito me vas a tener tranquila aquí, mira ya cuántos quedamos, cada día somos menos y aún se desconoce el paradero de los demás, eso sí están vivos y no los jodieron ya.

Ahora fue David quien hizo un gesto de negación con la cabeza y guiándole por el hombro caminaron hasta la puerta de salida.

-Es cierto todo lo que dices, pero por esa misma razón los pocos que quedamos debemos continuar, confío en ustedes – y dándole una tierna palmada en el hombro salió del lugar.

Durante el resto del día, el ahora más reducido grupo se dedicó a reubicar una gran parte de sus pertenencias en el nuevo sitio, dejando siempre el resto listo en la furgoneta previendo una nueva eventualidad, aunque era un lugar apartado del pueblo donde al parecer disfrutarían de una momentánea tranquilidad, de otra forma les resultaría imposible continuar con tanto movimiento de un lado a otro y el arme y desarme del improvisado campamento.

Abel había notado que estaba en una isla desierta en medio del océano y comenzó a recorrer aquel pedazo de tierra en busca de algo que le pudiese servir para crear una gran fogata y mantenerse alerta durante la extensa noche que poco a poco se acercaba.

Alina imaginaba el caliente clima del Caribe, deseaba que ese calor rondara en aquellos instantes de aquel lado del océano, pues hacia un ligero frio, pero con bastante humedad debido a las extensas lluvias, no contaban con nada para mantenerse cálidos durante la noche que no fuera media docena de mantas y sus mismos abrigos. En aquel nuevo espacio tampoco contaban con electricidad por lo cual la calefacción era evidentemente imposible. Hubiese dado lo que fuera por estar en aquellos momentos allí, en aquella solitaria isla donde se encontraba Abel, para poder escribir a su antojo sin ser perseguida por nadie, ni vivir con ese sobresalto constante al que jamás, a pesar de ser tan frecuente, lograría acostumbrarse.

La isla tenía una forma muy peculiar, era muy estrecha en aquella zona a donde llegó Abel pero a la vez era larga, haciéndose un poco más ancha hacia el poniente. Había sin embargo, una variada vegetación donde podían sobresalir unas no muy altas palmeras donde vivían algunas aves y reptiles.

-Al menos no me moriré de hambre – pensó.

Alguien había estado allí antes, –Continuaba -aquel montón de botellas de colores verde y marrón confirmarían todo. Estaban dispersas por toda la playa, algunas cubiertas casi por completo por la pálida arena, la ilegible etiqueta blanca en algunas y la ausencia en otras hacían notar que quizás habían pasado unos cuantos años desde entonces. De alguna manera esas personas debieron salir de aquí, se dijo, quizás vengan pescadores con frecuencia a la isla, había notado también que aquella playa era frecuentada por alguna especie de tortuga.

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