El temor más grande

David, un crio de apenas ocho años, vivía con mil miedos en su mente, miedos que, al igual que a cualquier niño, lo perseguían a todos lados, durante la oscuridad de la noche, en cualquier sitio que le fuese desconocido… Puesto que ya a su edad había aprendido a escribir, un día decidió, alentado por los consejos de su abuelo, enfrentarse a todos ellos a través de la escritura y sus trazos. En su mente el pequeño muchacho pensó, que si escribía sobre ello, poco a poco iría perdiéndose todo su temor, y así lo hizo; primero, dibujó un mundo donde la luz del día duraba mucho más tiempo que la noche, así comprendió que después de la penumbra, por muy larga que fuese siempre saldría nuevamente el sol. Luego con ayuda de su madre al principio y sólo con el tiempo, en decenas de papeles, durante años fue perfeccionando su historia, una historia donde la felicidad reinaba por encima de todo. Hasta ese entonces había logrado convertirse en un muchacho feliz y sin grandes temores.
Ya contaba con la edad de diecisiete años y la literatura formaba una parte importantísima en su joven vida, cuando una nueva duda llegaría a su vida, ¿Sería capaz de amar? Y no un amor de hijo, un amor de hermano, porque tenía dos, sino un amor por otra persona ajena a su familia, un amor más allá de cualquier amistad. Veía cómo sus amigos del colegio comenzaban relaciones amorosas y a él aún nadie le había llamado la atención, se recriminaba a sí mismo preguntándose el por qué, constantemente.
Buscó entonces salir con sus amigos, logrando una que otra relación casual, pero sus besos, por muy cariñosos no lograban traspasar su pecho. Preocupado, se embargó entonces en la que sería su más grande obra de la vida, estuvo durante años, apenas sin salir de casa escribiendo sin cesar, escribió sobre el miedo, el odio, la locura, sobre grandes ilusiones pero no pudo escribir jamás de amor, no de un amor desde adentro, ni real, no de un amor vivido desde lo más profundo de su corazón, y la sola idea de no poder amar lo fue consumiendo. Recordó entonces a su abuelo, deseó con todas sus fuerzas que estuviese allí, con él, para solamente sentarse a su lado y escuchar sus sabios consejos. Pero ni sus más grandes lecciones serían suficientes, además su abuelo se había marchado hacía más de seis años, y por primera vez, después de mucho tiempo, David, al no poder sentir ese amor pasional que solo sienten quienes realmente se han enamorado, nuevamente… sintió miedo.

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