Bajo el vuelo de las gaviotas (3)

Al tercer día de navegación, luego de soportar las fuertes tormentas del jornada anterior, ya casi sin comida, sin el mástil, solo tres remos y un hombre de menos, los tres exhaustos sobrevivientes temblaban en su impotencia, notaron que dos de los cauchos se habían desinflado en su totalidad bajo la crujiente madera, eran, el primero de la punta y uno de los dos siguientes y trataron de sustituir uno con el que llevaban de repuesto que, milagrosamente, había quedado en cubierta. Media balsa había quedado bajo el agua y tendrían que soltar la cerca perle para poder maniobrar en la sustitución de los neumáticos. Ramón no se podía apenas mover, Esteban incorporándose, dio un resbalón y alcanzó a sostenerse con la ayuda de Daniel, el suelo estaba enmohecido producto a toda la odisea, luego se lanzó al agua y dejo caer aquella red metálica mientras desamarraba con cuidado una de las desinfladas cámaras, con ayuda de un poderoso cuchillo de pesca que había traído Ramón.
-Al menos esta no sirve, hay que ver la otra – grito Esteban.- córranse un poco hacia atrás, para ver si el contrapeso me deja acomodar esta.
-Ponla en aquel extremo.- le recomendó Ramón mientras le señalaba el lugar con el dedo índice – es mejor dejar el espacio vacío en el centro y a correr un poco más hacia delante la que quedo de este par.
-Ok.

Daniel había notado que el agua que quedaba en la nevera se había contaminado con el agua salada.
-Esto es lo último que faltaba. – dijo dando un manotazo al aire, mientras se dejaba caer de rodillas.
-Ahora mismo no sabemos ni donde estamos, la brújula la tenía Mario y el pequeño cristal para las señales también, estamos muy jodidos.- jadeó Ramón
-Deben ser pasadas las nueve hay que aprovechar el sol y remar hasta el mediodía, luego descansamos y más tarde continuaremos, yo verdaderamente estoy molido. – dijo Esteban mientras terminaba de amarrar la primera.- apenas tengo fuerzas para subir.
A pesar de su cansancio era el que en mejores condiciones se veía, estaban todos que daban pena, hasta las vestiduras las tenían hecha añicos, parecía que les había caído diez años encima a los tres.
Esa mañana ninguno se quedó en pie, a pesar de la dura perdida de su compañero quedaron dormidos tratando de recobrar fuerzas.
Eran cerca de las tres de la tarde cuando Ramón alzo la cabeza y Daniel y Esteban habían comenzado a remar aunque con poca fuerza, ambos estaban adoloridos al igual que él, aunque a ninguno les cayó el mástil encima y eso lo sabían los dos. Tenían las manos engarrotadas y un fuerte ardor en todo el cuerpo, la sal se sentía ahora mucho más presente que antes y no podían utilizar aquel agua porque era lo único que les quedaba, quizás agregándole un poco de agua de lluvia se podría tomar mejor. Pero resultaba que el cielo estaba de lo más despejado y no tenía ni la más remota idea ahora de llover.

-¿Descansaron algo?- preguntó Ramón.
Ambos asintieron al unísono, sin pronunciar ni una sílaba.
Esteban fue entonces en busca de tres manzanas de las ocho que aún quedaban. Aquellos frutos, dos latas de frijoles y otra de spam habían sido también sobrevivientes sobre aquel armatroste flotante.

En una esquina junto a los bolsos Esteban notó que pegada por la humedad, estaba casi irreconocible la foto de la familia de Mario que de alguna manera había ido a parar allí, la tomó con dificultad y se la mostró a los demás
-Te imaginas ahora cuando estos muchachos sepan lo que fue de su papá.
-Menos mal que no vinieron con nosotros.- respondió Daniel.
-Tampoco hubiesen sobrevivido esos angelitos, que locura…

En un instante hubo dudas de si regresar o continuar el viaje, pero quizás lo que los separaba de su tierra era quizás la misma distancia que lo que les faltaba por recorrer, y si regresaban todo aquel difícil viaje y la muerte de su compañero habría sido en vano. Habiendo decidido esto, los tripulantes concluyeron seguir hacia adelante con su ruta y se incorporaron nuevamente al remo con las escasas fuerzas que les iban quedando.
Intentaron beber el agua que les había quedado pero era imposible asimilar aquel líquido con grandes cantidades de sal.
Remaron y remaron hasta quedar totalmente dormidos al final del día a pesar del hambre y la sed, de los cuales ahora también eran víctimas y el miedo a no despertar al día siguiente. Además no tenían ni la más mínima idea de cómo orientarse a través de las estrellas y de otra manera les sería irrazonable continuar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s